jueves, 21 de julio de 2011



Ellos…
Profundos dedos húmedos entrelazados, miradas penetrantes, viaje de gozos y gula entre los cuerpos lisos, amados en carne y fibra; burdel habitado de murmullos incesantes, con el aire fresco, aliento jugoso, miradas eternas en penumbras de noche blanca, días de deseos; rápidos con furia, el clamor de labios carnosos que no hablan, no mienten, juegan, aman sin querer, rápido, intenso, amantes de fuego hasta las venas, llegar sin habitar el dolor que queda afuera, atrás y no termina, desde siempre antes en la desdicha de una soledad interrumpida, casi protegida con sancos para crecer y ser mayor, arrasando la vida, imponiendo amor inocente, sin importar qué, ni dónde ni cómo, así se amaban, con la transparencia de sus almas.
Exóticos, impostores, atrevidos a nada y todo, con la piel erizada que raspa y tiñe de pasión cada instante del encuentro prometido, en sollozos de alegrías, cada vez más embebidos de jubilosa entrega; ellos no se detienen en el día cuando el sol camina en ventanas de celosías espiando el sofoco de de agitados gemidos, esperando la luna pura. Ahí en el justo momento que la serenidad de las luces se convierten en sombras, todo es silencio, y en sus gargantas aparece el nudo de la partida, sangran sus corazones, avivan la comprensión de alejarse de no pertenecerse, ahora que sus cuerpos queman como en una hoguera de un odio divino, que ellos no sienten pero que necesitan para arder y quemarse hasta el final, cuánto llanto bajo el sombrero masculino de los ojos tristes, en la pena de perder lo amado que ya no es de ellos. Llegaron al cielo, y un abismo los atraviesa, cómo no penetrar en la locura y perderse; es el destino que los dejó desiertos y abandonados, ahora habitan nuevamente el desamor, el terrible desencanto que la vida convidó por un momento, lo entienden; la despedida llegó…el cuarto se deshabitó, se esperaron en vano, los recuerdos quedaron guardados con celo en las paredes vacías, aquel día llovió torrencialmente, se acumuló un mar de lágrimas en los pasos de ella y el desencuentro de él; las gaviotas comentaron la ausencia, frenaron sus vuelos, ella navegó lejos con la melodía del piano; se escuchó aquella sinfonía que era parte de sus cuerpos amantes. 

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